...en la fiesta de Unax
Los que conocéis a este diyéi sabréis quizá de su, en general, poco aprecio por los llamados
jóvenesactoresespañoles.Sí, amiguitos, ese colectivo de bellos/as anoréxicos/as individuos/as que no vocalizan, son dados a confundir naturalidad con oligofrenia, simpatía con encefalograma plano, dramatismo con hipérbole... adalides del registro único o, directamente, del no-registro que superpueblan series, seriales, tivimuvis, culebrones e infraproductos cinematográficos dirigidos por grandes de la ¿comedia? el ¿musical? el ¿terror? y otros ¿géneros?
Pues bien, el poco amor que este su diyéi les tenía se acabó casi definitivamente la madrugada del sábado al domingo a eso de las tresymucho y en plena Gran Vía. Y es que, cuando este su diyéi se encontraba rodeado de la fauna habitual del
buho intentando llegar a su guarida, entro en dicho medio de transporte, en medio de agitado tropel, un grupo de jovenzuelos exageradamente alegres, exageradamente felices y exageradamente todo en general al grito de
¡Sus! ¡Y a ellos!Al reparar en dichos mozalbetes y en su falta de percicia para un acto tan aparentemente simple como pagar el precio del billete, éste su diyéi descubrió entre los rostros a
Unax Ugalde,
Ingrid Rubio (en actitud muy cariñosa el uno con el otro y ambos dueños de un físico ciertamente exigüo -digo ambas cosas para los amantes del cotilleo fílmico),
Armando del Río y otros a los que no alcanza a poner nombre pero que le suenan de más de una teleserie. Según pudo saber este diyéi por sus grititos, se celebraba el cumpleaños del primero (sin duda el más callado de todos... junto a su pareja; quizá, más que nada, porque ambos se entregaron a las tareas amatorias acurrucándose sobre el abultamiento provocado por la rueda delantera derecha, sito justo tras el asiento ocupado por éste diyéi)
En esta su escandalosa puesta en escena, el diálogo escogido (esencialmente proferido a grandes voces) constaba de una serie de exposiciones sobre su falta de costumbre de coger el autobús (
¡porrr favorrr! ¡hace quince años que no montaba en uno de estos, llegó a oir éste abochornado diyéi) y un intercambio de piropos (
me gustaste tanto en...) sobre el que planeaba una elaborada coreografía para intentar acomodarse en el vehículo a costa de incomodar a los demás (de hecho, Ingrid a punto estuvo de aterrizar en las rodillas de éste diyéi tras un movimiento, sin duda, poco ensayado. Como tampoco había ensayado la palabra
perdón, según parece)
Como remate a la interpretación, poco antes de llegar a Cibeles (menos mal que su viaje acababa allí, lugar en el que éste su diyéi elevó su plegaria para no volver a coincidir con el rebaño actoral en el
ene que finalmente le llevó a su casa sin mayores sobresaltos), se vieron en la necesidad de comunicarse unos a otros mediante grandes voces que
era la siguiente ¿no? ¡chicos, chicos, nos bajamos ya! ¡no os despistéis! ¡Unax lo sabe! ¡¡¡¡Unax!!!! ¡¡¡¡UNAAAAAX!!!! ¿¿¿ES ESTA, NEN?? y así hasta ciento.
¡Llenad las salas! ¡Quemaos las pestañas ante el televisor para disparar los índices de audiencia! Estaréis dando de comer a una colonia de rémoras, a depredadores de la fama, a una raza ansiosa de triunfar que no conoce límites, que acabará devorando vuestras neuronas con sus malas artes, corrompiendo vuestro buen gusto con su perversión del oficio.
Amen
In the mix Humbert Humbert Short Panic