Éste su diyéi ha sufrido una serie de episodios de insomnio en los últimos días que le han permitido (entre otras muchas cosas) pulsar la televisión nocturna con alevosía.
Al margen de los animes varios y esos pesaos de Treintaytantos a los que dan paso los muy oligofrénicos y muy modernos presentadores de Cuatrosfera, una serie de policías con ínfulas CSIanas de La 1, alguna película acojonante en La 2 (Ayer, por ejemplo, la genial Anatomía de un asesinato de Otto Preminger) o el fascinante publirreportaje de esa máquina infernal que (supuestamente) alarga el pene entre (imagino) verdaderos estertores (sólo hay que ver el cacharro lleno de hierros y otras piezas solo comparables a los aparatos para exploración ginecológica diseñados por los gemelos que interpreta Jeremy Irons en la fastuosa Inseparables de David Cronenberg), éste su diyéi se queda con la reposición de Luna Negra.
Este inenarrable tocho dirigido y producido por el ínclito Valerio Bosserman (su tercer culebrón triunfal tras El secreto y La verdad de Laura) ha alegrado, emocionado, mecido, divertido y adormecido mis muchas noches de insomnio reciente. Al margen de su irrealidad psicotrónica, el reparto de sus ¡195! capítulos (de los que habré visto los veinte últimos a razón de tres diarios) es glorioso y debería ser exhiibido en toda Escuela-para-jóvenes-actores que se precie.
De dicho gremio, por cierto, sólo he sido capaz de reconocer al inexpresivo y envaradísimo Roberto Hoyas, cuyo malhacer sin duda palidece ante el de la pareja protagonista: Lorena Bernal (sí, esa Miss España) y Javier Estrada (¡un concursante de Gran Hermano!), cuyos mohines (de ella) esos ademanes de robot mal engrasado tipo C3Po (de él) tantos buenos ratos me han proporcionado en estos días de no dormir.
Y no es Lorena la única Miss, nonono... Luna Negra cuenta también con el concurso (es un decir pero el juego de palabras no deja de tener su gracia) de toda una María Reyes de vergüenza ajena, incapaz de aguantarse las muecas de risa (se los juro) en ciertas secuencias supuestamente muy muy pero que muy dramáticas mientras pelea con todo su buen corazón el papel de madre de un bebé completamente negro adoptado junto a su novio claramente gay.
Pero las que más abunda en la serie son las presentadoras-de-televisión-buenorras-florero con papeles de cierta importancia para ¡Dios! Verónica Mengod, encarnando con todo su encanto pijo a una francesa y la espectacularmente guapa Sonia Ferrer (ese mascarón que presenta -o presentaba, quién sabe- Gente) en la piel de un abogada atrapada entre dos amores y madre de un niño insoportablemente ñoño al que por desgracia (y motivos tiene, de verdad) no ahoga la mala malísima niñera (otro pibón-soso-cursi que atiende por Sandra Collantes) que acaba raptándole. Pero también aparece de manera episódica e intentando hacer de malvada forzando para ello de muy mala y poco sabia manera su acento super-vasco el gran histrión de la cursilería rosa, esa admiradora de La Polla Records y Kortatu que, según las malas lenguas, es la hermana secreta de uno de los Eskorbuto muertos: ese robot programado para repetir nonstop aquello de ¡Hola corazones! y a la que últimamante vemos luciendo horribles vestidos de noche en el sonrojante ¡Mira quién baila!: ¡Claro! ¡Anne Igartiburu!
También en el gremio de los presentadores cómicos (aunque parece ser que este señor también canta y hace -¡oh!- musicales y no sé cuantas cosas más... sí, sí, de todo menos risas) encontramos a otro de los auténticos hijosputa de esta serie barata y aculebronada ¿se acuerdan del Benavides de Vídeos de primera? Pues ese: Juan Carlos Martín es el equívoco secuaz del malo más maloso y (para el que suscribe) el más delirante personaje de toda esta trama.
Y no, no faltan las viejas glorias de la escena española: desde el otrora acojonante Manuel Galiana a esa gran dama del alto standing que atiende por Silvia Tortosa pasando por la sencillamente inaguantable María Luisa Merlo- ay, esas grandes-dinastías-de-actores-españoles que han servido para colar en el gremio gatos por liebre a punta pala...
En fin, que con semejante prodigio de casting el absurdo, el maniqueismo, las risas, el drama (estas dos últimas quizá no siempre coincidentes con las exigencias del guión y/o la trama y provocadoras de momentos de humor involuntario francamente hilarantes) están garantizadas. Pero no me voy a extender con las peripecias en sí de la serie, no vaya a ser que la vuelvan a reponer y les chafe el argumento. No obstante les dejo este link por si quieren profundizar.
Moraleja: ¿Ven ustedes como no es necesario pasar por una escuela de interpretación para ser un actor malo de cojones? Si es que todo es cuestión de ponerse...
In the mix Morrissey Ringleader Of The Tormentors
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

Vivir consiste en construir futuros recuerdos. Estoy preparando recuerdos minuciosos, que algún día me traerán la melancolía y la desesperanza. ERNESTO SÁBATO
Sucursales
Lecturas compulsivas
Otros vicios