...y si la banda en la que estás empieza a tocar canciones distintas a la tuya / nos veremos en la cara oculta de la luna
Syd Barrett 1946-2006 Sí, hace un mes que vivimos sin
Syd, pero este es precisamente el momento que éste su diyéi ha elegido para rendirle pleitesía ¿Por qué? Quizá porque este cantante, compositor y guitarrista de obra escasa, reducido a escombros por el ácido y recluído en casa de su madre en
Cambridge desde 1973, es carne de canonización pop incluso por parte de aquellos que desconocen su vida y obra y le despachan como
ex-componente de Pink Floyd. Y eso echa para atrás, señores.
Pero ¡Qué coño! Entre otras cosas,
Barrett fue compositor de grandes canciones pop en su faceta solista (
Gigolo Aunt, Golden Hair, Baby Lemonade, Effervescing Elephant...), imaginativo guitarrista, padre del
Space Rock e, inconscientemente, con su caida en desgracia dio por finiquitado el sueño del
Swinging London al igual que las muertes de
Morrison,
Hendrix o
Joplin hicieran con el
Verano del Amor y sus consecuencias.
Pese a que muchos reconocen la genialidad de los singles (
Arnold Layne, See Emily Play, Apples And Oranges) y el disco (
The Piper At The Gates Of Dawn) compuestos casi íntegramente para
Pink Floyd por
Barrett, otros tantos desechan sin contemplaciones sus posteriores trabajos en solitario (
The Madcap Laughs y
Barrett) en los que por cierto colaboraron
David Gilmour y
Rick Wright. Injusto. Sí, son discos irregulares, toscos y con los años han adquirido una pátina de morbo difícil de evitar. Pero, entre otras cosas, escuchamos claramente sus ecos en la música de artistas tan poco sospechosos como
Julian Cope,
Spacemen 3 o
Robyn Hitchcock.
¿Más? Por ejemplo, si prestan atención a una canción tan aterradora como
Dark Globe (una confesional y desencajada oda a la esquizofrenia incluida en
The Madcap Laughs), entenderán perfectamente sobre qué sonido y con qué mimbres edificó
Roger Waters el titánico
The Wall. Inspirado, claro, por el talento y la tortuosa vida mental del propio
Syd, igualito que canciones como
Wish You Were Here o
Brain Damage, a la que pertenece el esclarecedor fragmento que da título tanto a este
post como al famoso disco que la contiene.
Curioso: si The Dark Side Of The Moon se convirtió en el mayor éxito de Pink Floyd y uno de los discos más vendidos de la historia del pop, publicándose justo en el año en el que Barrett se retiraba de la música, el propio Syd se presentaba dos años después, 1975, en las sesiones de grabación del inmediatamente posterior Wish You Were Here para ofrecer su colaboración. Oferta amablemente declinada por sus ex compañeros, al parecer, tras ver sus pintas.
Más curioso aún: para éste su diyéi (y para muchos amantes del grupo) los mejores discos de Pink Floyd son The Piper At The Gates Of Dawn, The Wall, The Dark Side Of The Moon y Wish You Were Here; es decir, aquellos impregnados por Syd Barrett, su recuerdo... o su fantasma. Pero no se extrañen: es que Waters y, en menor medida, sus ex compañeros de grupo, han construido parte de su carrera en torno a la caída en el abismo de Syd y, sobre todo, al ¿extraño? complejo de culpa que les generó.
Seguro que han llorado su muerte amargamente.
Esperemos que no vuelvan a hacer caja a su costa.
Descansa, Syd.
In the mix Syd Barrett Barrett