Pese a su aspecto enjuto y algo encorvado, un poco a medias entre un joven Lou Reed y Carlos Iglesias –gracias, amigo Gómez-, Matthew Stephen Ward gana mucho en las distancias cortas. Esa mezcla mágica entre una voz cantada en otro tiempo –parece salir de una radio de válvulas más que de un Transistor Radio- y esa apabullante guitarra tocada en el más puro estilo finger picking te deja con ganas de verle solito, en acústico; tocando la emocionante One Hundred Million Years –el vello de punta, oiga-, Sad Sad Song y tres mil más.
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
Vivir consiste en construir futuros recuerdos. Estoy preparando recuerdos minuciosos, que algún día me traerán la melancolía y la desesperanza. ERNESTO SÁBATO
Suscribirse a
Entradas [Atom]