Para empezar, martes 24 de noviembre, un grupo tan suyo y original que ni parece metálico. Larga vida a los Melvins. La ya vivida -23 años desde su EP de debut- y la que les espera, a tenor de la buena forma que demostraron. Riffs espesos reiterados y con tendencia a perturbar, que no a embotar. Dos baterías para apisonar y asfaltar el camino. Soluciones contundentes a la par que originales. Un sonido que despeina. Y mucha tendencia a reírse de sí mismos y de los metaleros más circunspectos. Metal ancho. De banda y de miras. Lástima que se acabara el concierto cuando mejor estaba la cosa. Estuvieron pelín rácanos.
Para seguir, viernes 27 de noviembre, Isis. Precedidos por Keelhaul (no se llegó a tiempo) y Dälek: dos muchachos enormes, entre osos y carniceros, entre hip hop y rock industrial, armados de asesina voz y un Mac no menos asesino... aunque sin tachuelas. Monótonos. Todo lo contrario que el quinteto post-metal que sirvió el plato fuerte. Venían a presentar el fascinante -y difícil- Wavering Radiant. Un disco que multiplica las posibilidades sónicas de la banda. Sobre el escenario, con un sonido compacto y de calidad excelente, ejercieron un control espectacular sobre las dinámicas, edificando sus canciones con paciencia y contundencia, sin recurrir a soluciones fáciles ni efectistas. Ni una sola nota de más. Densos, vibrantes, impecables.Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

Vivir consiste en construir futuros recuerdos. Estoy preparando recuerdos minuciosos, que algún día me traerán la melancolía y la desesperanza. ERNESTO SÁBATO
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