Malestar General
30.9.09
  Lo mejor de la década 7: mejores discos extranjeros 2003
Basement Jaxx Kish Kash
La acumulación de temazos hace de Kish Kash la joya de la corona de Basement Jaxx. 14 canciones sin respiro comandadas por un póker de ases: Good Luck, Lucky Star, Plug It In y Cish Cash. Con las respectivas gargantas de -ojo- Lisa Kekaula, Dizzee Rascal (ver más abajo), J C Chasez de 'N Sync -pudo haber sido él y no Justin- y ¡Siouxsie! Palabras mayores para el maltrecho dance de la década.

Belle & Sebastian Dear Catastrophe Waitress
Belle & Sebastian vuelven por sus fueros. O, mejor aún, por otros algo distintos. Producidos por un Trevor Horn que acababa de trabajar -atención- con t.A.T.u. ¿Se acuerdan? Pero esto no es ninguna broma. El grupo se quita complejos de vocación amateur en busca del mejor envoltorio posible para algunas de las mejores canciones de Stuart Murdoch, caso de I'm a Cuckoo o Step Into my Office Baby. Brillante.

Colder Again
Desolación calculada. Frío abrasador. El francés Marc Nguyen Tan apela lo justo a los fantasmas de Joy Division, Can, Aphex Twin o Air para mecerse entre ambient, post-punk, minimalismo electrónico y kraut sin necesidad de venderse a ninguno. Un artista visual reconvertido en músico de texturas casi táctiles. Amour fou ¿O era Crazy Love?

Death Cab for Cutie Transatlanticism
Ben Gibbard es uno de los talentos indiscutibles del pop de los últimos 10 años. Y sus Death Cab for Cutie no tienen ni un solo disco malo; este es, ni más ni menos, el mejor. Nervio, humor malvado, ingenio, melodías. Por si fuera poco, en este 2003 hizo doblete con The Postal Service. Véase un poco más abajo.


Dizzee Rascal Boy in da Corner
Un tan espectacular como dañino despliegue de grime, hip hop, ragga, electro y demás hierbas electrónicas y baialbles. Nacido en la fecunda explosión del grime londinense de principios de siglo. Compuso la columna vertebral de esta ensalada cubista de ritmos, I Luv U, con 16 añitos. Aún en activo, cada vez sorprende menos.

Drive-By Truckers Decoration Day
Tras su abrumadora, excesiva y ambiciosa Southern Rock Opera (2001), Drive-By Truckers miran un poco hacia adentro. Se ponen, a su manera, intimistas. Con el nivelón que tienen sus discos, elegir uno -éste, por ejemplo- se hace difícil. En cualquier caso, es -junto a Wilco y poco más- uno de los grandes grupos de rock americano (añadan aquí sureño, si quieren) de los últimos años. Densos, poderosos, con tres voces solistas y un nivel de canciones que asusta.

Four Tet Rounds
Vamos a ver... Kieran Hebden es un batería de jazz frustrado con un pie en el free, otro en el post-rock, otro en el folk, otro en el hip hop y otro en el techno. Y todo -o casi- sin moverse de su Mac ¿Muchos pies, dicen? No se crean, en Rounds se reparten patadas a diestro y siniestro. Y todas llegan a su objetivo. Un discazo de electrónica.

Dayna Kurtz Postcards From Downtown
Madre mía, qué lagrimones. Lo que le hace Dayna Kurtz al corazón -encogerlo cual chufa- debería estar prohibido. Una de las voces más emocionantes de los últimos decenios. Adscrita a la Americana, es capaz de trascender géneros a golpes de emoción... y con canciones como la titular, Love Gets in the Way, Miss Liberty o Somebody Leave a Light On ¡Jooooder, qué escalofríos!

Outkast Speakerboxxx / The Love Below
Dos discos dos -repartidos equitativamente entre André y Big Boi -para sublimar el hip hop, hacerlo desparecer y luego revolcarse en el funk á lá Prince para llegar al punto más alto de unos Outkast que crecían a marchas forzadas con la década. Por si faltaba algo para desmarcarse, un hit planetario y descaradamente pop, sin un solo segundo de rimas: Hey Ya!

The Postal Service Give Up
Ben Gibbard de Death Cab for Cutie (ver arriba) y Jimmy Tamborello alias Dntel se curraron por correo -de ahí el nombre del dúo- este prodigio del pop electrónico. Mucho más que la hiperbólica Such Great Heights, que ya es decir.

Prefuse 73 One Word Extinguisher
Guillermo Scott Herren parte del hip hop abstracto y de una falsa estructura de mix tape para meterse en todo tipo de camisas de once varas y salir reforzado. Un disco lleno de ideas, de sonidos, de canciones... de momentos geniales. Mr Prefuse se ha ido metiendo, para bien de todos, en diversos berenjenales sónicos; y acabó instalado en Barcelona, tras enamorarse de una chica con la que grabó bajo el nombre de Savath & Savalas.

The Soft Pink Truth Do You Party?
El pureta de la electrónica experimental se llevará las manos a la cabeza si ve aquí este disco en vez de, un suponer, A Chance to Cut is a Chance to Cure (2001) de Matmos. Déjese llevar, Señor Pureta. Al fin y al cabo, la mitad de Matmos -Drew Daniel- montó esta verdad blanda y rosada (difícil ser más explícito) cuando Herbert le retó a que se atreviera con un disco de house. Y vaya si osó. Bien ayudado por su compinche MC Schmidt y por la terrorista Blevin Blechtum. Una joyita del microhouse que cabalga los fantásticos materiales sonoros de Matmos sobre potentes beats de baile para construir golosinas groovy del calibre de PromoFunk. Añádase un importante plus de humor petardo.

Rufus Wainwright Want One
O de cómo los espíritus de Leonard Cohen y Judy Garland pueden habitar sin mayores problemas en el mismo cancionero. Seguramente la verdad de Rufus descansa a medio camino entre la épica algo más clásica de su segundo disco, Poses (2001) y la maravillosa y descarriada afectación pop de este Want One. Pero sólo por el hecho de que entre uno y otro su voz y su interpretación escalaron cuatro o cinco peldaños, hay que quedarse con éste; gracias al cual, además, muchos descubrieron (descubrimos) al Señor Wainwright.

The White Stripes Elephant
Alabados hasta la extenuación por los que llegaron tarde (o nunca) a Led Zeppelin, los White Stripes deberían haber sido capaces de poner de acuerdo a rockeros recalcitrantes y moderniquis sin remedio. Pues no. Una lástima, porque molan mogollón. Sobre todo en este Elephant. El disco que contiene Seven Nation Army tiene que ser, obligatoriamente, su mejor disco. Y encima, Black Math, The Hardest Button to Button y su encantadora versión de I Just Don't Know What To Do With Myself.

Wire Send
Tras más de diez años de sequía, 25 después de su debut y con los 50 cumplidos, los imprevisibles e imprescindibles Wire daban dos ruidosos toques de atención con sendos EP's (Read & Burn 1 y 2, ambos de 2002) y atacaban luego sin piedad con este Send. Un disco en el que se masca una sensación de peligro que se hizo física en la tremebunda gira con la que lo presentaron poco después. Sin respiro desde In the Art of Stopping hasta 99.9
 
23.9.09
  Lo mejor de la década 6: mejores discos nacionales 2002
Maga Maga
Debut de Maga, el grupo que, con un poco menos de cerrazón orejil debería haber arrasado corazones mainstream. Vaaaaale, en un mundo ideal. Su alargada sombra pop se mueve entre Piratas y Planetas. Fueron de los primeros en importar sensibilidades del emo pop británico; y encima plasmaron su peculiar espíritu en canciones acojonantes como Diecinueve, Agosto esquimal o Piedraluna. Escuchados hoy, parecen los hermanos mayores de Vetusta Morla.

Mercromina Bingo
Un monumento al riesgo entre dos monumentos a la melodía del calibre de Canciones de andar por casa (1999) y Desde la montaña más alta del mundo (2005): a su vez otra cima -y perdón por el chiste fácil- del alpinista del pop español -léase Joaquín Pascual, el otro ex-Surfin' Bichos hasta su resurrección temporal, también en esta década- que más ochomiles ha escalado en estos 10 años, bien con Mercromina o los posteriores Travolta. Aquí, más kraut-space-noisero que nunca, pero sin perder el poder del susurro.

Migala Restos de un incendio
Lo mejor de este grupo con tendencia a quedarse calvo... de tanto pensarse. De cómo Migala -aquí en formación de septeto, Nacho Vegas incluido- despoja su discurso de una intelectualización excesiva y se suelta para demostrar que su conocimiento enciclopédico del pop también se puede escupir en píldoras digeribles. Y no hay mejor manera de hacerlo que con lo que propone este disco: regrabar canciones de sus 3 álbumes anteriores. El re...frito se torna re...velación. Bendita atmósfera crepuscular, producción implacable y la mejor versión de la mejor canción de su historia: Aquel incendio.

Nosoträsh Popemas
Si el concepto Popema ya era hermoso y se explicaba a sí mismo a la perfección, el resultado es deslumbrante. 20 miniaturas -más otras pocas desperdigadas por los singles- en las que Nosoträsh dan el do de pecho. Lirismo puro, íntimo, conciso y emocionante. Por cierto ¿que fue de Elläsh?

Ojos de Brujo Barí
Usted, persona sensata y de gusto exquisito, compondrá una mueca de terror ante palabras como mestizaje o -¡argh!- flamenquito. Hará bien... casi siempre. No con Ojos de Brujo antes de creérselo demasiado y aburrirnos con fotocopias desvaídas del estupendo Vengue (1999) y éste, su mejor disco. Cuando scratch, guitarra flamenca, cajón y bajo funk se entendían a la perfección. Y había que verles en directo. Una puta fuerza de la naturaleza, señores.
 
14.9.09
  Lo mejor de la década 5: mejores discos internacionales 2002
Año capicúa de la década. El euro entra en circulación y, automáticamente, el poder adquisitivo se desploma. Algunos son capaces de recortar en cualquier otra cosa con tal de seguir comprando discos. Como estos:

Boards of Canada Geogaddi
Geogaddi apuntala lo expresado en el soberbio Music Has the Right to Children (1998) y lo envuelve en una tensa oscuridad que aquél no tenía. Tensión oscura y casi diabólica que el dúo, en comandita con su jefe de Warp -Steve Beckett-, decidió exprimir -por aquello de echar unas risas- dando al disco una duración total de 66 minutos y 6 segundos. Casi todos suculentos, aunque destacan los 5:21 de Music Is Math y los 6:12 de Sunshine Recorder.

Johnny Cash American IV: The Man Comes Around
Junto al espectral primer volumen, lo mejor de -si contamos el disco póstumo- la pentalogía Cash/Rubin. Primero, porque contiene una versión majestuosa -en su sencillez- del Hurt de Nine Inch Nails. La mejor versión de esta década. Tan buena y personal, que ahora Trent Reznor casi ni se atreve a tocarla en directo y, si lo hace, lo hace á la Cash. Segundo, por su lectura gospel-blues del Personal Jesus de Depeche Mode, una canción tan evidentemente religiosa que Johnny la hace suya mirando al cielo. Tercero, por los sorprendentes dúos con Nick Cave y Fiona Apple. Y cuarto, por la precisión tan matemática como emocionante de los arreglos.

Coldplay A Rush of Blood to the Head
Meterse con Coldplay es uno de los deportes favoritos de los últimos años. Pues es una pena, porque con el despliegue de ira y mala baba, más de uno habrá pasado por alto este discazo: uno de los mejores álbumes de pop paridos Gran Bretaña en estos 10 años. Unos pueden seguir riéndose mientras otros disfrutan de la impresión de tragarse los 5 primeros temas del tirón. Quinteto titularísimo difícilmente igualable: Politik, In My Place, God Put a Smile upon Your Face, The Scientist y Clocks.

The Delgados Hate
¿The Great Eastern (2000) o Hate? Difícil. La balanza se inclina en favor del segundo por razones eminentemente emocionales. Y por la mordiente de Coming in from the Cold. En cualquier caso, es evidente que los escoceses son una enorme máquina de fabricar pop con nervio. Y encima se inventaron uno de los grandes sellos discográficos de los últimos 15 años: Chemikal Underground, casa de Mogwai o Arab Strap.

DJ/Rupture The Minesweeper Suite
Los 70 Minutes of Madness (concretamente 73) de la década de los '00. Mixtape ambiciosa, densa, ruidista, velocísima, de espectro amplísimo (de Roberta Flack a Kid 606 pasando por Cutty Ranks) y ambición ecualizadora: no todo vale pero sí todo es susceptible de valer. Una puta locura. DJ/Rupture es además, junto a Diplo -se hablará de él dentro de unas pocas listas- el gran animador de la verbena global bien entendida.

Beth Gibbons & Rustin Man Out of Season
Donde Beth se escapa por la tangente con la ayuda del bajista de Talk Talk, Paul Webb. El dúo encuentra acomodo entre el folk y el jazz, la Gibbons nos regala los oidos con su registro más dulce -pero siempre doloroso-y otro Portishead, Adrian Utley, se cuela casi sin hacer ruido en los créditos. Beth lo presentó en Benicassim y salió, literalmente, a hombros.

Interpol Turn on the Bright Lights
De los muchos discos que han exhumado el cadáver de Ian Curtis este es, de largo, el mejor. El que casi no huele a podrido. Serio, riguroso y -ya que se ponen- a la altura de las circunstancias. Aquí el muerto obtiene una misa en condiciones gracias a PDA, Obstacle 1 o NYC. Los dos álbumes posteriores de Interpol caen, tristemente, en repetir la fórmula.

Lambchop Is a Woman
El de la voz profundísima -atiende por Kurt Wagner- se pone más austero que nunca para dejar espacio por el que sus letras ambiguas y sutiles se cuelen hasta la cocina. Y claro, triunfa. Lo volvió a hacer unos años después, ergo volverán a verle por aquí.

Low Trust
Escuchar un disco de Low o ver uno de sus conciertos por primera vez es una verdadera experiencia mística. Estesudiyéi, nunca mejor dicho, da fe de ello. Pero lo mejor es que cuando uno repite, vuelve a ocurrir. En su música hay tal contención, silencio y espacio que se puede caer fácilmente en la perplejidad... y acabra no yendo al grano. Como volverán a las listas, la próxima vez se intentará hablar de los discos. Sólo una cosa: con éste les descubrió el que les escribe.

múm Finally We Are No-One
¿Existe algo así como una melodía islandesa? múm, Eberg, Sigur Rós, la propia Björk... algo inasible, quizá una determinada sucesión de notas, une sus músicas. Aunque, una vez se conoce el paisaje de la isla, todo esto se entiende un poco mejor. Aquí esa especie de melodía subterránea toca techo en canciones como Green Grass of Tunnel. Vale: todo el disco parece interpretado con cajas de música y las voces grabadas en una clase de Primaria... pero a la vez es cualquier cosa menos infantil. Y es que esa supuesta melodía islandesa podrá ser naif, pero siempre encierra una dosis casi insoportable de melancolía y tristeza. Cuestión de naturaleza.

The Notwist Neon Golden
Bien por los Acher. El triunvirato The Notwist/Lali Puna/Ms. John Soda nos ha dado unas cuantas alegrías en estos 10 años. No les extrañe volver a encontrarles por estas listas. Pero si toca hablar de Neon Golden, toca hablar a un mismo tiempo del pop sintético condenadamente bien hecho, sin fisuras, y a la vez emocionante de Pilot... o de sorpresas como la que da título al álbum, en la que se arrancan con una especie de tecno-country-psicodélico-kraut. Y todo, que para algo son alemanes, sin despeinarse.

Damien Rice 0
O cómo traer el espíritu de Nick Drake al siglo 21 añadiéndole unas gotitas de emo-pop. 10 temazos -entre los que brillan Delicate, The Blower's Daughter, Cheers Darlin' o I Remember, con la preciosa voz de Lisa Hannigan. Problemas: varias de esas canciones han acabado siendo pasto de los ambientadores musicales de series -House, Bones, L...- o de las bandas sonoras de Closer y Stay; ergo, de alguna manera, machacadas por el mainstream. Y más de un cantautorzuelo con infulillas indis le ha intentado copiar la jugada. Una pena.

RJD2 Deadringer
Un estremecedor monumento a la sampledelia. Construir un temazo que huele a clásico como The Horror a partir de la sintonía de Scooby Doo y una canción de Jimmy Castor no está a la altura de (casi) nadie. Alquimia y buen gusto a partes iguales en manos del mejor alumno posible de DJ Shadow.

Sigur Rós ()
Uno de los primeros hitos sonoros de esta década para el que les escribe fue asistir al concierto de Sigur Rós en la entonces llamada Sala Arena. 10 de abril de 2001. Silencio sepulcral, impresionante expectación, música flotante con un extraño componente sanador. Algunos -la propia acompañante de Éstesudiyéi- fueron incapaces de soportarlo. Otros se dejaron mecer por un sonido que -para bien y para mal- alcanza aquí su máxima expresión. Mucho más excesivo que su obra maestra -el anterior Agaetys Birjun (1999)-: sus canciones sin nombre (el título del propio disco es un paréntesis) se alargan on facilidad hasta los 10 minutos. Y uno entra o no entra. Pero, gusten o no, son un grupo muy importante para esta década; y encima, sus vídeoclips son altamente recomendables y tienen a su nombre uno de los más bellos deuvedés de los últimos años: Heima. Además, con su último disco parecen haber abierto una vía de escape nueva para su música, que hasta promete nuevas sensaciones pop.

Wilco Yankee Hotel Foxtrot
La obra maestra de Wilco. A una colección de canciones de calado similar a Being There o Summerteeth, súmense la incorporación de Glenn Kotche, las diabluras de Jim O'Rourke y las últimas notas de teclado para Wilco del gran Jay Bennett -recientemente fallecido-, que se desencontró a modo con Tweedy, según recoge el recomendabilísimo deuvedé I Am Trying to Break Your Heart. Cuestión de extremos: es el disco más vendido del grupo ¡y hasta en Pitchfork le dieron un 10!
 
13.9.09
  Last Night Leonardo Saved My Life
Miren: lo de anoche es difícilmente explicable con palabras. Cuestión de magia. Con un Palacio de los Deportes lleno (media de edad de cuarentayalgo), entregado a la propia y tremenda presencia del canadiense en el escenario. Con un sonido perfecto, de volumen absolutamente adecuado e infinitos matices. Con una iluminación sobria pero hermosísima, que dotaba de texturas al sobrio telón que servía de fondo al grupo. Con un Leonard Cohen en impresionante forma física, vocal y emocional a sus 74. Que se cantó la mitad del repertorio arrodillado, que entraba y salía corriendo del escenario. Que regaló -es un decir, dados los disparatados precios de las entradas- 3 horas de concierto que se hicieron cortas. Con un repertorio que equilibraba canciones de su primera y su última etapas más de lo imaginable, si se atiende al dvd Live In London, mucho más centrado en sus últimos 25 años. Con un grupo sin estridencias, que envuelve y eleva las canciones sin apenas rozarlas, con mención especial -quien lo iba a decir- a la bandurria y el laúd de Javier Mas, y a los envoltorios de Hammond de Neil Larsen. Con la ya histórica colaboradora Sharon Robertson y unas Hermanas Webb que puntearon la voz de Cohen con mucho más que eficacia, sin esfuerzo aparente. Son tan buenas las 3 que Leonardo podría haber dejado mucho más en sus manos, pero prefiere jugársela él mismo. Le honra.

Y hasta ahí, más o menos, lo descriptible. A partir de ahí, se entra en el terreno de lo indescriptible o sublime. Y ya no valen las palabras. Sólo una cosa más: si esta simplemente es una gira -como dicen- obligada por la ruina económica de Cohen ¿Se imaginan cómo sería si se hubiera embarcado en ella con ganas?

In the mix Leonard Cohen Live in London
 
10.9.09
  Lo mejor de la década 4: mejores discos nacionales 2001
Cuarto esfuerzo (de 20) para intentar elegir los 200 mejores discos de una década que toca a su fin. 5 perlitas españolas de 2001. La decisión no ha sido muy compleja: no había mucho más que rascar. A por ellos, que son pocos y cobardes.

La Buena Vida
Hallelujah!

De largo, el disco más completo y equilibrado de los donostiarras en estos diez años. . Prácticamente no sobra ni una sola canción, y contiene maravillas como Los vientos, Qué nos va a pasar, Mi voluntad, Ventura... y ese cierre emocionante llamado Vini, vidi, vinci. Lirismo melancólico, arrastrado y sencillo, con los arreglos precisos -y preciosos- y una Irantzu en estado de gracia... que no ha logrado acabar la década dentro del grupo.

Chucho Los diarios del petróleo
3 EP's y un LP que fueron apareciendo a lo largo del año. Cuatro fragmentos para conformar un denso puzzle con todas las obsesiones de Fernando Alfaro. 27 arañazos, mordiscos, ladridos y lametones de un Chucho a medio camino entre el durísimo 78 (1997) y el esperanzador Tejido de felicidad (1999). La síntesis. Sólo hubo un disco más de Chucho, el flojete Koniec (2004), y Alfaro tropezó nuevamente después con sus Alienistas.

Ellos Lo tuyo no tiene nombre
Lo que no tiene nombre es lo que ha llegado a hacer después este dúo. Pero su irrupción en el estancado pop español -con perdón- indi de los primeros años de la década supuso un inesperado golpe de aire fresco lleno de hits equívocos y divertidos. Imparable la sucesión de los tres primeros cortes: Tú primero, Diferentes y En tu lista.

Manta Ray & Schwarz Heptágono Impresionante la colisión de dos de los grupos españoles mejor amueblados de los últimos años. 7 cortes: cinco grabados a pachas en rigurosísimo directo (incluyendo una versión fantástica del Antenna de Kraftwerk, otra de Brian Eno y el tema que titula el disco, improvisado por los 7 músicos) y dos más que aporta cada grupo por separado. Las 7 patas de una mesa que no puede cojear. Y encima la portada es del gran Tamel ¡Ole!

Sólo los Solo Quimera El do de pecho del dúo más inquieto (hasta febrero de 2009, que anunciaron su separación) del hip hop español. Ni jarkor ni todo lo contrario. Sólo fieles a sí mismos. Rimas estilizadas de Juan Solo y algunas de las mejores bases en la historia del género en España, cortesía de Griffi, ahora más conocido como Chacho Brodas. Hasta el empaquetado del cd esdeslumbrante.
 
3.9.09
  Lo mejor de la década 3: mejores discos internacionales 2001
Lista con la mejor música internacional de un año soñado por Arthur C. Clarke y Kubrick que finalmente nos dejo el 11-S como inicio de una escalada de estupidez asesina... y un puñado de buenos discos.

Dominique A
Auguri

El escalofrío de Pour la peau, la calma -orquestada por John Parish- tras las turbulencias de Remué... todavía estaba por llegar el fascinante Tout sera comme avant, pero aquí es donde Dominique A se hace grande de verdad, toca el cielo y nos arranca el corazón a dentelladas ¡Joder, qué bonito!

The Avalanches Since I Left You
Una labor de amor... concienzuda. Avalancha de samples (entre 900 y 3500 muestras contiene, según las fuentes: a ver quién es el guapo que se pone a contar) construida por un colectivo de DJ's australianos. Fueron los primeros a los que Madonna dio permiso sampleador. Un viaje fascinante por casi 40 años de música. El resultado es deslumbrante por una sencilla razón: mezcla a conciencia todo tipo de sonidos sin dejar de sonar a sí mismo... y alcanza momentos de tanta belleza como la canción que lo titula. No han vuelto a publicar disco, pero según parece lo harán antes de que acabe el año. Permanezcan atentos.

Basement Jaxx Rooty
El segundo mejor disco de Basement Jaxx. Y por si eso no fuera bastante, la palabra mágica: Romeo, una de las mejores canciones de baile de la década. Divertidos, con un punto petardo y extremadamente retro, pero a la vez sesudos en su perfecta arquitectura dance. Y con Copito de Nieve en la portada. Volverán a estas listas con su obra maestra.

Clem Snide The Ghost of Fashion
Eef Barzelay es un personaje tremendamente pintoresco. Y tremendamente divertido. Basta verle en directo, exhibiendo su inagotable repertorio de extravagancias. O fijarse en títulos como Joan Jett of Arc. Pero tras esa apariencia chistosa y freak hay un corazoncito pop de primera que latía como nunca casi en el tercer disco de Clem Snide. Un grupo etiquetado como country alternativo pero que va bastante más allá. Puro ingenio quejumbroso que, en el fondo, no está tan lejos de propuestas como They Might Be Giants.

Bob Dylan Love and Theft
Segundo capítulo de la triple redención de Bob tras Time Out of Mind y antes de Modern Times. Que Together Through Life no es para tanto. Por hache y por be, esta ha sido una década espléndida para Dylan y los dylanitas. Lanzamientos, conciertos, recopilaciones, documentales, reediciones, programas de radio... pero lo mejor, esta vuelta a las raíces y a la buena forma en la que no sobra apenas nada. Un gustazo.

Experience Aujourd'hui, Maintenant
Agrio, rabioso y abrasivo. Todo lo que se podía esperar del nuevo grupo de Michel Cloup, ex-Diabologum. Letras como puñetazos mascadas o recitadas, más que cantadas, envueltas en espesas marañas de guitarras y electrónica. Mala hostia gala. Por desgracia, su obra posterior es de interés decreciente.

Herbert Bodily Functions
House orgánico... y nunca mejor dicho. Herbert edifica los ritmos de esta obra titánica del dance con los sonidos corporales -internos y externos- que la titulan. Incluida, claro, la hermosísima voz de Dani Siciliano. A partir de aquí se empezó a hablar de microhouse. Y Matthew ha seguido esta vía conceptual a lo largo de la década -incluidos sus devaneos con Big Band- sin llegar a superar este discazo.

Ladytron 604
La fórmula de Ladytron es tan aparentemente sencilla como retro-fascinante; mezclar lo mejorcito de lo 70 con lo mejorcito de los 80: glam, krautrock, tecnopop, post-punk... para devolverlo en forma de canciones ganadoras como Play Girl o Another Breakfast with You. Y aquí funciona mejor que nunca: entre el dron, el eurotrash y el pop a secas. Se mantuvieron en este registro un par de discos más y luego empezaron a ensuciarlo todo con guitarras. Una pena.

Missy Elliott Miss E... So Addictive
Madre mía, madre mía: Get Yr Freak On. Cuando éstesudiyéi la oyó por vez primera por la megafonía de una tienda de discos londinense, no daba crédito a sus oídos. Missy y Timbaland se estaban inventando el sonido del siglo 21. No saben ustedes cuántos habitantes de esta lista -y de los que no están- emanan de esa canción, de este disco, de un momento mágico y total. Mucho más allá del hip hop y del r'n'b. De M.I.A a Britney Spears pasando por Animal Collective: todos debían estar ese día en aquella tienda...

Radiohead Amnesiac
Fíjense que en los primeros y ya lejanos años de esta década había magnas discusiones entre los supporters de Kid A y los de Amnesiac. Éstesudiyéi es más del lirismo enfermo del segundo que de la agria electrónica del primero; al que tampoco le hace, claro, ascos. En cualquier caso, ambos demuestran la voluntad de Radiohead por escapar permanentemente de sí mismos. Huída hacia adelante, sí: tan bonita... como oscura.

Röyksopp Melody A.M.
Atmósferas imbatibles desde Noruega. Paz y ruiditos encantadores. Herederos de la mejor época de Air -que por desgracia no corresponde a esta década. Como los franceses, Röyksopp sólo utilizan el downtempo como envoltura sonora -impecable, eso sí- de su alma pop. Y a veces le inyectan el ritmo suficiente para que se pueda bailar con esa canción tan espléndida y enternecedora llamada Poor Leno.

Spiritualized Let It Come Down
Sin llegar a la magnificencia absoluta de Ladies and Gentlemen... Let It Come Down asombra sobre todo por su detalle y su densidad. No en vano, Jason Pierce -que no sabe leer partituras- se tiró 4 años trabajando, cantándole los arreglos a una grabadora para luego enseñárselos a los 115 músicos que colaboraron en este disco, incluyendo orquesta y coro gospel. Y emulando el muro de sonido cual Phil Spector intergaláctico. Lo mejor, el cierre: Oh Lord Can You Hear Me, casi a dúo con la maravillosa Mimi Parker de Low. Entre la fe y el bajón de la heroína.


The Strokes Is This It
Luego fueron incluso mediocres, pero aquí los Strokes eran puro nervio y desdén, rabia sin adulterar, químicos capaces de sintetizar energía pura en tremendas píldoras de tres minutos como Last Nite. Con Is This It fueron los maestros de una escuela con alumnos aventajados llamados Franz Ferdinand y, sobre todo, Arctic Monkeys. El año cero del revival post-punk.

Super Furry Animals Rings Around The World
O Phantom Power o Love Kraft... Super Furry Animals son un grupo tan especial que en todos sus discos hay suficienytes motivos para quererles. Se elige éste por la especial debilidad que éstesudiyéi siente por Juxtapozed With U. Demostración de que incluso en un registro paródico -abundante en su carrera- consiguen auténticas joyas. Aquí predomina una atmósfera setentera, deliciosamente kitsch, que va -ya es decir- del Sonido Filadelfia a los Byrds de la última época. Puro humor galés. Y pop de 24 quilates.

Zero 7 Simple Things
El downtempo era un género complicado: se corría el riesgo de caer en el jazz de coctelería, el chill out ramplón o, directamente, la música de ascensor. Pero si se hace con tan buen gusto, tal cantidad de matices y tanta delicadeza como este dúo inglés, no hay peligro. Añadan unos preciosos arreglos de cuerda y las tres espléndidas voces (dos mujeres y un hombre) que se reparten las 8 canciones con letra. Pasa la prueba del algodón que no resiste el 99% de los discos del género: se escucha a día de hoy sin que rechinen los dientes; si acaso, de gusto.
 
Love will tear us apart... (again)

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Vivir consiste en construir futuros recuerdos. Estoy preparando recuerdos minuciosos, que algún día me traerán la melancolía y la desesperanza. ERNESTO SÁBATO

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