Seguramente, la primera vez que me encontré expuesto de verdad al talento inmenso de Enrique Morente debió ser allá por 1995, cuando colaboraba en ese programa radiofónico tan hermoso y divertido como peligroso para la integridad de sus (ir)responsables llamado Vaticano 2, que se emitía en Radio Vallekas. La sintonía era el Kyrie de su sobrecogedora Misa flamenca, y semana tras semana el escalofrío estaba casi asegurado al escucharla. No mucho después llegaría a estos oídos el inconmensurable Omega; y luego... todo lo demás. Como un torrente.
Morente era, es, será una de las voces capitales del flamenco. Voz en sentido amplio. Mucho más que por una calidad vocal fuera de toda duda, por haber sido capaz de acercarlo a (y mezclarlo con) tantas otras cosas sin desvirtuar ni lo uno ni las otras, siguiendo un incesante instinto de búsqueda. Y emocionando a propios y extraños por el camino. Algo tremendamente difícil de conseguir y tremendamente raro de ver en cualquier género musical.
(Foto de Alfredo Arias)
Pero a Enrique habia que verlo sobre un escenario. Y a ser posible, en muy diversas salsas. He tenido la suerte de hacerlo en un plató madrileño, en el ensayo general del malogrado proyecto África Cuba Cai; en el Patio del Cuartel de Conde Duque presentando El pequeño reloj en compañía de su hijísima Estrella; en la Plaza Mayor de Chinchón con un espectáculo tan clásico como hermoso; en el Primavera Sound, junto a Lagartija Nick, haciendo Omega y otras maravillas; en el Auditorio del Museo Reina Sofía estrenando su último y casi ninguneado disco de estudio, Pablo de Málaga; improvisando junto a Lee Ranaldo y Steve Shelley en el Centro de Arte Dos de Mayo de Móstoles...
(Foto de DJFlow)
Lo que no pude ver en su momento, por una desgraciada y absurda discusión doméstica, fue su paso por el añorado programa de TVESéptimo de caballería. Algo que lamentaré siempre. Por suerte, nos queda el Youtube, para disfrutar al menos unos minutos de un Martinete. Y, por supuesto,nos queda su ingente obra para disfrutar durante años y años. Gracias y hasta siempre, Morente. No estamos tristes, porque es mucho lo que nos dejas...
Tuve la suerte de verle por última vez en el San Juan Evangelista, a finales del 2008, si la memoria no me falla. Suscribo todo lo que dices, sobre todo lo de que a Morente había que verle en un escenario. Su voz en directo es una de las experiencias vitales que jamás podré olvidar, me es imposible describir en palabras las emociones que me provocaba su cante, su genio. El post, como de costumbre, magnífico de principio a fin. Gracias por este tu homenaje a uno de los artistas más grandes que ha parido este rincón del mundo.
Gracias a usted, Señor Nihilsum. Está claro que Morente le gusta (casi) tanto como a mí... Yo también me quedo sin palabras para describir la experiencia de su directo; de ahí que me limite a enumerar las veces que le he visto para, por lo menos, intentar trasnmitir la idea de que su música tiene muchas facetas.
Uff, la de años que hacía ya que no veía/oía este martinete. Qué jóvenes están todos. Gracias por ponerlo. 3 meses hace ya que Enrique fue asesinado por el cielo. El llanto de la memoria sigue impertérreo.
Carmen, muchas gracias por tu comentario, es un placer tener por aquí a alguien con tantos conocimientos de flamenco (bueno, y de gastronomía) como tú... Un saludo
Vivir consiste en construir futuros recuerdos. Estoy preparando recuerdos minuciosos, que algún día me traerán la melancolía y la desesperanza.
ERNESTO SÁBATO