Malestar General
21.4.10
  SY: libertad vigilada

Lo que ante todo ha ganado Sonic Youth a lo largo de 30 años es control. Control sobre su sonido: peligroso, siempre al bendito borde de un caos cada vez más ordenado. Paradójicamente (en realidad no hay paradoja),  lo que de verdad han ganado gracias a ese control es libertad. Libertad para hacer con esos mimbres tan imitados como inimitables lo que les sale de los cojones (ovarios en el caso de Kim Gordon), para profundizar en ese caos con herramientas que les permiten expresar más y mejor sus ideas y emociones.


Lo que han ganado concretamente en el siglo 21 es repertorio. Justo después del espeso NYC Ghosts & Flowers, el grupo ha encadenado un póker de joyas in crescendo: Murray Street, Sonic Nurse, el increíble Rather Ripped y el último y fascinante The Eternal (los dos últimos incluidos en la selección que Éstesudiyéi hizo de los mejores discos de la década). Repertorio que ha ocupado al menos el 90% del concierto de esta noche.


Control y repertorio: las dos claves de una actuación -según parece- muy distinta a la de ayer. Lo ha dicho Lee Ranaldo: ayer fue el concierto de canciones anteriores a 2000, hoy es el concierto del último disco. A fuerza ahorcan, en parte: Kim Gordon lleva este siglo sin apenas tocar el bajo. Primero la sustituyó Jim O'Rourke, ahora un Mark Ibold que ayer no compareció por compromisos con su otro grupo, unos tales Pavement. Ergo si Kim fue bajista de nuevo, tuvieron que remontarse a ese repertorio.


El caso: una vez más, la cada vez menos joven (de edad) Juventud Sónica sigue dando sopas con ondas (a base de inagotable Teen Spirit) a casi todos los imberbes ruidosetes. Mención especial para una Kim  (de 57) capaz de no escatimar ni un átomo de la energía que se les supone a los que tienen la mitad de sus años. El auténtico emblema vivo (y por muchos años) del Artpunk. Un torbellino rubio que se apoya en los fascinantes tejidos de electricidad en los que ya participa desde hace años y que Thurston Moore (el matiz, los armónicos...) y Lee Ranaldo (el ruidismo) cada vez cosen con más destreza. Steve Shelley sigue siendo un jodido metrónomo.


En fin, que tras casi dos horas -que han ido de menos a más- para merendarse el último disco casi al completo con picoteo en los 3 anteriores y alguna que otra tapita sorprendente -(I Got A) Catholic Block, de Sister, 1985- sin un hit que llevarse al diente -que por cierto no se han echado nada de menos-, final a dos bajos y dos guitarras con versión devastadora de Death Valley '69. A sus pies, jóvenes...


In the mix Sonic Youth Goo
 
19.4.10
  pistolas ficticias

Semana para decepcionarse y flipar con la Alicia de Burton, descubrir el tallarín plano y ancho en un chino para chinos, reencontrarse con la descacharrante imagen de los vídeos de Hall & Oates (el rubio atractivo y el moreno... con bigote), toparse con un pasado (sólo medio) olvidado, hacer fotos por la calle como un poseso turista japonés, empezar a preparar un importante aniversario, olvidar un cumpleaños no menos importante... y hasta disfrutar con dos conciertos de grupos españoles de alto standing. Uno detrás de otro y en el mismo espacio: El Sol brilla de nuevo.


Lüger petaron la sala de amigos y admiradores ansiosos de enfrentarse al concierto que ejerció como presentación de su disco (homónimo) adquirible en hermoso vinilo escribiendo a esta dirección y descargable de forma gratuita aquí. Y lo visto y escuchado dejó huella importante en Éstesudiyéi. Vaya por delante: el chalao de Diego Veiga debería operarse su parafilia con la parafernalia nazi y concentrarse en esa otra obsesión filogermana mucho más interesante y sana: la Kosmische Musik. Lüger -es un gustazo, oiga- conmemoran los sucesos gozosos de la comuna Kraut (ya saben: Can, Neu!, Faust, Amon Düül...) pasándolos por tamices de diverso grosor psicodélico, space rock, ambrosía industrial, noise y otras hierbas cósmicas y repetitivas igualmente nutritivas.


Si su disco es un bonito homenaje a las estructuras circulares, en directo el círculo se abre más -si cabe- sobre los loops paridos desde los sintetizadores de Mario Zamora. El doble azote rítmico de Raúl Gómez (batería convencional) y Fernando Rujas (a hostias con planchas de metal, platillos rajados, panderetas disfuncionales y otras maravillas) lleva en volandas los mantras vocales y espasmos guitarreros del mencionado Veiga, en permanente confrontación con el bajo de Daniel Fenández. Seguros de la potencia de sus crescendos y sabedores de los orgasmos que provocan los estallidos de sus canciones, en el concierto las canciones se alargan buscando prolongar la erección de los presentes: músicos y público. El problema es que el listón quedó tan alto en la hora escasa (sólo por tiempo, la satisfacción fue bien larga) de concierto, que los quince minutos del bis quedaron algo desdibujados. Pero el calificativo ha de ser aplastantes; más, teniendo en cuenta lo poco que de momento han tocado en directo.


Y si Lüger redondearon el jueves, el viernes asaltaron el mismo escenario Amigos Imaginarios con la sana intención (se lo cascaron entero) de presentar sus Muñecas rusas. El grupo sonó de escándalo ante un Sol (pena, penita, pena) bastante más vació del que recibió a Lüger. Seguro que usted también se lo perdió, entonces. Peor para usted, amigo. El quinteto echó chispas a la manera (salven todas las distancias que quieran) de la banda del Dylan eléctrico del 65/66 o la E Street Band que presentó el Born to Run. Más o menos. Y con esto no se pretende exagerar, solo establecer una comparación más válida por el regustillo que por acoso y derribo a la leyenda. Evidentemente.


Lo que hace estar relajado. Amigos Imaginarios -dícese de Santi Campos (voz, guitarra), Sebastián Giudice (batería), Jesús Montes (bajo), Ester Rodríguez (voz, guitarra) y Charlie Bautista (teclados, voz)- exhibieron oficio, compenetración y un repertorio ya largo de intenciones y canciones -a destacar, por ejemplo, Disco del mes- ancladas al rock y al pop clásicos pero siempre con una brizna de inspiración original y poco oída por estos pagos.


Dos entes autónomos -madrileños- que se crecen en el escenario -como los buenos- y son capaces de hacer callar a la -poca o mucha- parroquia que se acerca a -menos mal- escuchar con paciencia y atención lo que se desarrolla sobre el escenario ¿Algún punto en común entre ellos? Por lo menos dos, y cada uno sorprende en uno de ellos: al menos hubo un apoteosis ruidoso y una canción con elaboradas armonías vocales en cada concierto ¿Conclusiones? Pónganlas ustedes que Éstesudiyéi no está por analizar tanto lo que le gusta. Y se hace tarde.


In the mix Lüger Lüger
In the mix Amigos imaginarios Muñecas rusas
 
14.4.10
  14 DE ABRIL

¡VIVA LA REPÚBLICA!
 
11.4.10
  "Que 20 años no es nada"...

... dice el tango. Una de las más hermosas mentiras musicales de la historia, sin duda. Hace unos 20 años -quizá un poco menos- Éstesudiyéi estaba plenamente inmerso en el Underground Tétrico madrileño. No se asusten con la definición, que nació sin previo aviso el pasado martes de camino a Hoy Empieza Todo. Pero vayamos por partes: Madrid, primeros 90... primeros 20 de quien les escribe. Domingos de Rastro. Noches eternas de paseos con hambre de aventura por una Gran Vía aún lejos de ser centenaria. Las Escalas en Lo-Fi de la mítica -e incomodísima- Sala Revólver. Artistas de la cloaca experimental que hacen del sufrimiento su arte, muchísimo antes de que nadie pronunciase la palabra emo. Jóvenes -y no tan jóvenes- émulos de -sobre todo- Nick Cave. Conciertos -y hasta recitales de poesía, oiga- dónde sufrir mola. Sufrir hasta en el nombre: Javier Corcobado -429 Engaños, Mar Otra Vez, Demonios tus Ojos, Chatarreros de Sangre y Cielo- Mil Dolores Pequeños, 713º Amor y, finalmente, Vamos a Morir... vamos a ser más indis que nadie, a proclamar que el Nevermind de Nirvana es basura comercial, a llamar a Dios por teléfono (las Vírgenes Adolescentes de Javier Almendral tenían el número) o a comprar todos los vinilos de Triquinoise (y luego todos los cedés de Por Caridad) sin mirar los títulos ni los grupos... Amor Sucio, Ebria Danza, Cerdos, Pachuco Cadáver... porque tienen que molar...


¿Que 20 años no es nada? Pues entonces nos los saltamos, que los chicos de Hoy Empieza Todo (Radio 3) llamaban a DJFlow para ir a hablar de estas cosas y poner cuatro canciones -¿sólo cuatro?- que retraten esa época hermosa, dura, divertida, borrosa, intensa, turbulenta, emocionante, agitada, agotadora... para recordarla con más risas que nostalgia, si es posible. ES posible. Claro. La fantástica huella de unos años al extremo de muchas cosas no impide que 20 años después -que SÍ son algo, por no decir mucho- se recuerden con la suficiente distancia para no ceder al autochantaje emocional. La excusa de la colaboración, o una de ellas: Javier Corcobado tocaba al día siguiente en El Sol.


Y resulta que Javier también ha superado con nota esos 20 años de diferencia entre la disonancia de los Chatarreros (buscada pero no: no saben cómo han mejorado los equipos, cuánto han aprendido los músicos, cuan mejor canta ahora Corcobado) y el trío (con el añadido, a ratos, del Chatarrero saxofonista Justo Bagüeste) que actualmente envuelve al vallecano. Entre ellos un Fino Oyonarte barbado, versátil e impecable al que se hacía difícil reconocer con el primer vistazo. Y 20 años después casi se puede decir que este ha podido ser el mejor concierto que se le ha visto a Don Javier.


Un concierto para celebrar que su último disco, A nadie, se ha llevado ¡Un Premio de la Música al Mejor Álbum de Rock Alternativo! ¿Que 20 años no es nada? ¡Y una mierda! Estesudiyéi acudió casi virgen a la penetración / presentación del álbum. Lo cierto es que ni los temas antiguos chirriaron con los nuevos (a destacar la ardiente aspereza de En el coño del mar y el fantástico pasodoble Caballitos de anís) ni viceversa. Y también es cierto que fue gracias a dos versiones que el concierto levantó definitivamente el vuelo: la ranchera Sombras -interpretación adecuadamente expresionista para una letra que ya empieza arrasando: Quisiera abrir lentamente mis venas / mi sangre toda verterla a tus pies / para poderte demostrar / que más no puedo amar / y entonces... / morir después- y la dolorosa canción abolerada Ella ya me olvidó.


Lo que viene a demostrar algo que se sabía en parte: Javier Corcobado es, en el fondo, un crooner atormentado que cada vez está más cerca de los registros de Raphael y al que -no se me escandalicen- casi apetece escuchar a dúo con Bunbury. Para que juntos se canten un pasodoble... un bolero... una ranchera... o un tango: Que 20 años no es nada... ¡JA!

In the mix 713º Amor A veces el dolor
 
5.4.10
  DJFlow en SoundCloud
Éstesudiyéi estrena página en SoundCloud con sus temitas con The Vegetables, H8U y como, mismamente, DJFlow. Que les aproveche: DJFlow en SoundCloud

  Latest tracks by DJFlow
 
2.4.10
  Triunfó la música sobre la palabra
Éstesuidyéi tuvo la oportunidad (y la suerte) de viajar a tierra astur para disfrutar de los amigos, la belleza y las legendarias y abundantes viandas de la tierra... y, de paso, asistir a dos recitales / conciertos de la sexta edición del siempre atractivo Palabra y Música. Un festival que se celebra en la Universidad Laboral de Gijón, enorme mamotreto de típica construcción franquista/fascista dotado de cierta indefinible belleza -claro- neoclásica. Pero sobre todo, en sus entrañas se encuentra el teatro que acogió los recitales: un prodigio moderno de la acústica con capacidad para casi 2000 personas.


Más o menos la mitad de ese aforo se llenó el sábado para la actuación de Jonathan Coe y los High Llamas. Say Hi to the Rivers and Mountains es una suerte de Ópera Pop -con libreto del escritor británico y música de los de Sean O'Hagan- escenificada por el propio grupo y tres actores. Por desgracia, el texto de Coe -una mujer que se debate entre la sensibilidad de un poeta y el pragmatismo de un arquitecto- es maniqueo y bastante previsible. Por suerte, los actores son magníficos y los High Llamas han elaborado una banda sonora en la que brillan sus mejores armas: pop soleado y coral, minimalismo sutil y aromas de bossa nova. Tras la obra, el grupo volvió para interpretar dos temas de su repertorio y dejarnos un regusto más dulce.


El domingo aterrizaba Patti Smith en compañia de su legendario guitarrista habitual, Lenny Kaye, y el teclista Tony Shanahan. Dispuesta a ofrecer un concierto / recital ante un auditorio -esta vez sí- a rebosar de incondicionales. La elección de los textos leídos no parecía la más adecuada, aunque se vio que la intención de Patti era agradar al público español. Los poemas de -¿no hay otro poeta en España?- García Lorca y Teresa de Jesús se ajustaban bien al repertorio musical -recitar a la mística antes de atacar ese Jesús murió por los pecados de otro y no por los míos de Gloria es una jugada maestra- pero resulta extraño escucharlos en inglés en España. Mejor, sin ir más lejos, que Patti hubiera leido sus propios textos; de hecho, arrancó leyendo la letra de People Have the Power, tema que cayó al final del recital. Eso sí, como no es precisamente una novata en lo de recitar, la lectura de los poemas fue impecable y emocionante.


En lo que sí se proclamó novata fue en leer en público un cuento tan largo como El Ojo Silva, de Roberto Bolaño; escritor en pleno auge en Estados Unidos al que también está dedicada la canción que Patti presentó en el concierto pese a estar aún en proceso de escritura: sonó fantástica. Pasó el examen de lectura con nota, aunque rompió algo el ritmo del concierto. Dio igual: junto a sus dos músicos acabaron poniendo al teatro patas arriba -y en pie- gracias a un repertorio musical que incluyó clásicos inmortales del calibre de Pissing in a River, Dancing Barefoot (emocionante hasta la lagrimilla), Because the Night... alternados con canciones más recientes como My Blakean Year (dedicada a las sardinas que se había comido unas horas antes) o Beneath the Southern Cross, el enorme tema que escribió como despedida a su pareja Fred Sonic Smith -fallecido en 1994 y que en Xixón quiso dedicar a todos los amantes que hemos perdido. Como siempre, Smith se comió el escenario y cautivó hasta el éxtasis al público con su personalísima y profunda voz. Pura emoción. Escalofriante.


De los cachopos, les fabes, la sidrina, el Sonotone, la Playa de Poniente y Cuidao con la perra, que lame hablaremos en otra ocasión. O no, que con haberlo disfrutado es suficiente...

In the mix Clem Snide The Meat of Life
 
Love will tear us apart... (again)

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Vivir consiste en construir futuros recuerdos. Estoy preparando recuerdos minuciosos, que algún día me traerán la melancolía y la desesperanza. ERNESTO SÁBATO

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