El Evangelio según San Alan
Vale, es fácil hacer alusiones bíblicas cuando se habla de la música de un
mormón confeso como
Alan Sparhawk. Pero es que tanto la de los inigualables
Low como la de su fascinante
Retribution Gospel Choir a
Éstesudiyéi le despiertan su lado más espiritual. Y lo visto y oído el otro día en
Moby Dick se acercó por momentos a una epifanía.
Es difícil, francamente difícil, ser más intenso que el Sr. Sparhawk: esa sensación de que está siempre, en cualquier momento, en todas y cada una de las notas, dándolo todo. El fervor silencioso del público, la respuesta entusiasta tras cada canción -o más bien, las pocas veces que el grupo tuvo a bien dar(se) un respiro- y el sudor que le caía a Alan a chorros por la cara casi impidiéndole cantar -y le pegaba la camisa negra de manga larga al cuerpo más o menos desde el minuto 5- parecen otorgar bastante credibilidad a dicha sensación.
Si la materia prima compositiva de
Retribution Gospel Choir es muy similar a la de
Low, la forma de emitirla es casi diametralmente opuesta: electricidad expansiva frente a contención introvertida. Perdonen el símil religioso, pero es como comparar una misa para dos o tres personas en una minúscula capilla perdida en mitad de la nada con una numerosa congregación cantando y bailando sin parar en una iglesia del sur de Estados Unidos... vaya, pero ¿no es eso
Gospel?
Acompañando al Señor Sparhawk, el bajista
Steve Garrington -también en Low- y el batería
Eric Pollard, envueltos en la
misma turbulencia emocional, apoyando cada uno de los espasmos de electricidad, envolviendo las canciones en ritmos turbios, afilados y sanadores. Y sudando sus reglamentarias camisas negras inclinados ante el peso de las
Sagradas Escrituras:
My head is filled with fire
I hear the voices of the dead
Próxima parada del
Via Crucis:
Low interpretando enterito
The Great Destroyer en el
Auditori del
Primavera Sound
In the mix Retribution Gospel Choir 2
¡SOS! Arde Murcia...
¿Sostenibilidad 48 horas? Que se lo pregunten a muchos de los que a
primerultimísima hora del
sabadomingo intentaban
sostenerse en pie tras dos intensos días murcianos. Seguramente ellos entonaban el
Save Our Souls como nadie mientras
Éstesudiyéi dormía plácidamente una vez había decidido -tras la actuación de
Chris Cunningham- emprender camino a la casa adoptiva. Por partes...
El viernes, aterrizaje entre las alas de
Alondra...
Bentley y carretera y manta con los
Sunday Drivers. Imprescindible pasar del pesao de
Joe Crepúsculo -que propuso, literalmente, un
concierto de bacalao- para desgustar el oscuro
shoegazing de
The Horrors (2.0). Lucieron bellos y la música acabó envolviendo a creyentes y neófitos por igual.
Lo de
Los Planetas fue, sencillamente, flojo ¿Muy
jondo para su espíritu pop? Es tópico indi, pero escuchar demasiado la voz de
J sigue siendo mala cosa. Y el problema es que escuchar a
La Bien Querida cantando a dúo con él abrió un agujero al abismo del desafine... ¿o es desatino? Por suerte, uno se podía desintoxicar con la actitud punk de los muy ruidistas
Crystal Castles, que la montaron a gusto y a gusto... de todos.
Franz Ferdinand tiraron de oficio, canciones y fuerza para seguir haciendo bailar a la concurrencia... pero acabaron alargando demasiado el invento. Más baile con
Hot Chip, pero sólo un ratito porque había que comprobar si el
hype de
Delorean era merecido... que va a ser que bastante. Impecables: más melódicos que bailables, que ya es decir. Fórmula equilibrada de emoción, ritmo y pop. Como la de
Amable,
DJ excepcional con el que dar las últimas bocanadas al día ¿O era aún de noche?
El sábado se abrió con
Nada Surf, vistos apenas unos días antes en Madrid con idéntica energía (aunque algún que otro batería se quedó dormido minutos antes del concierto en
Joy Eslava) y luego
We Are Standard reabrieron la puerta de la
Nueva Euskal Dantza (término acuñado por el gran
López Palacios) con menos fortuna que
Delorean.
Fantástico el rock fronterizo-mallorquín de
L.A. (
Luis Alberto -
Segura- para los amigos) con citas por igual a
Pearl Jam y
Wilco. Y lo de
Madness -tras el fantástico
The Liberty of Norton Folgate- estuvo mucho mejor que lo del
FIB 2006. Mucho menos nostálgico, igualmente divertido y con la banda en bastante mejor forma.
Dorian recuperaron el mal cantar de
Planetas pero con muchas menos canciones, y
Love of Lesbian dieron un paso más en su candidatura a
Vetustamorlos (nuevamente gracias a
López Palacios) de la temporada 09/10.
Pero ¡Ay, amigos! lo mejor llegaba al final. Lo de
Chris Cunningham, inenarrable. El
megadirector, uno de los mayores creadores visuales de los últimos 15 años, salió solito y la lió. Un grande en el escenario pequeñín. Su apuesta: remezclarse. Remontaje de sus propias piezas con música original y
remixes de otros ejecutados por él mismo.
Por desgracia, la ocasión y el diseño del espectáculo exigían estar en las primeras filas; por suerte,
Éstesudiyéi estaba en la segunda. Tres pantallas no muy grandes, juego de laser, Chris ante una consola... y un sonido difícil de creer: sólido, tridimensional, agitador de órganos internos. Una experiencia física mucho más allá del oído.
Dado el cariz de las piezas de Cunningham, gran parte de su ¿concierto? fue oscuro, confuso, entrecortado... hasta desagradable para algunos. No en vano, por las pantallas desfilaban las imágenes de
Sheena Is a Parasite,
Flesh o
Rubber Johnny. Pero al final alcanzó altas cotas poéticas mezclando
gospel, luces nocturnas y metros alejándose en perspectiva. Tras lo cual sólo quedaba, en efecto, alejarse, para conservar lo más posible esas imágenes -¡y ese sonido!- en la memoria.