Ha pasado un ángel. Lo dice muy acertadamente un amigo nada más acabar el concierto. El ángel, en términos terrenos, se hace llamar Nieves Arilla. Es la mitad de Facunda… y de Las Maris junto a Javier Álvarez, con el que se ha pasado unos cuantos años trabajando como corista… ¿Corista? ¡Ja!: el Ángel llamado Nieves tiene una voz propia que cautiva, enamora, hiere y cauteriza. A veces, las cuatro cosas a la vez. Voz cantada… y escrita: con ambas sabe expresar sentimientos complejos con pasmosa sinceridad y sencillez. Mitad, hemos dicho. Porque el Facundo –Egoitz Uriarte, virtuoso guitarrista y entertainer- se encarga de fomentar el contraste aunque alguna vez se pase de distorsión y de chistes. Criticar por criticar, porque los que tuvimos la suerte de entrar en La Boca del Lobo… salimos distintos. Y tan contentos.
Facunda emociona con pocos –los justos- elementos: voz, coros, guitarra, teclado y alguna base pregrabada les bastaron para, además de tocar algunas novedades, presentar las 10 canciones de una hermosura llamada Ultramarinas que de momento solo se puede comprar en los conciertos. Toca exigir que sea un poquito más fácil hacerse con semejante joyita: para escuchar a Facunda también en casa, navegando delicadamente por la delgada línea de la sutileza, sin caer en lo obvio ni en lo cursi… ni de lejos… ¡Lean el título otra vez, pordiosbendito!: Facunda emociona. O sepan que se atreven con una versión de La muñeca fea –sí, de otro dúo: Enrique y Ana- y logran salir absolutamente indemnes. Mejor dicho: triunfales.
Más dúos: Álvarez se subió al escenario para acompañar en unas canciones. O sea, Javier y Nieves -y Egoitz- recreando ese mismo encanto naif que nos hace salir con una sonrisa de las actuaciones de Las Maris. Sonrisa, boca abierta, lagrimilla furtiva, vertiginoso estremecimiento se suceden y acumulan gracias a De princesa, las piernas, Cruzo el mar, De agallas o ese hit-para-un-mundo-ideal titulado De Los Monegros al Ebro –Nos hemos hecho ricos con esta mierda, puntualizó Egoitz- hasta que Facunda –poética, expansiva, clara, reflexiva, melancólica y traviesa en las dosis adecuadas- se despide narrando un día Happy… en mitad de una semana de mierda. Real como ese momento. Y como la vida misma, claro.
Vivir consiste en construir futuros recuerdos. Estoy preparando recuerdos minuciosos, que algún día me traerán la melancolía y la desesperanza.
ERNESTO SÁBATO