De Montreal a Marte sin salir de Madrid
Viernes
LC eres un cabrón. Lo has vuelto a hacer. Una lección magistral de clase, elegancia, señorío, respeto por LA MÚSICA y escalofrío. Nos has encogido, levantado, acelerado y alegrado el corazón, grandísimo hijo de puta.
(Lo de lo has vuelto a hacer por lo que escribí en esta misma bitácora hace algo más de 3 años:
Miren: lo de anoche es difícilmente explicable con palabras. Cuestión de magia. Con un Palacio de los Deportes lleno (media de edad de cuarentayalgo), entregado a la propia y tremenda presencia del canadiense en el escenario. Con un sonido perfecto, de volumen absolutamente adecuado e infinitos matices. Con una iluminación sobria pero hermosísima, que dotaba de texturas al sobrio telón que servía de fondo al grupo. Con un Leonard Cohen en impresionante forma física, vocal y emocional a sus 74. Que se cantó la mitad del repertorio arrodillado, que entraba y salía corriendo del escenario. Que regaló -es un decir, dados los disparatados precios de las entradas- 3 horas de concierto que se hicieron cortas. Con un repertorio que equilibraba canciones de su primera y su última etapas más de lo imaginable, si se atiende al dvd Live In London, mucho más centrado en sus últimos 25 años. Con un grupo sin estridencias, que envuelve y eleva las canciones sin apenas rozarlas, con mención especial -quien lo iba a decir- a la bandurria y el laúd de Javier Mas, y a los envoltorios de Hammond de Neil Larsen. Con la ya histórica colaboradora Sharon Robinson y unas Hermanas Webb que puntearon la voz de Cohen con mucho más que eficacia, sin esfuerzo aparente. Son tan buenas las 3 que Leonardo podría haber dejado mucho más en sus manos, pero prefiere jugársela él mismo. Le honra.)
Un texto que casi, casi podría servir para lo de anoche en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. Hay que cambiar lleno por casi lleno, 74 años por 78 y tres horas de concierto por... ¡CUATRO!: Cohen dijo al principio no sé cuándo nos volveremos a ver, pero esta noche os vamos a dar todo lo que tenemos y desde luego cumplió su palabra. También hay que añadir las canciones de su último y muy buen disco, Old Ideas: fueron 5 y ya suenan a clásicos, mejor que en el disco. Y matizar el cambio de mi punto de vista como espectador: de la emoción nerviosa de aquel concierto a la emoción sin nervios de este; que, por otro lado, te permite disfrutar mejor de los matices.

Claro: es que el mundo de la música de Cohen es un mundo de matices. Que nadie espere cambios sustanciales. Ni falta que nos hace. Aunque a veces los matices cambien... desde fuera. Me explico: ese tramo country-marcial-guerrillero que une con mucha intención -ahora y hace tres años- Heart With No Companion, The Gypsy's Wife (cantada por Sharon y las Webb en un escalofrío continuo) y The Partisan desembocó ayer en Democracy. Ironía sangrante sobre su falta (de democracia, libertad, representatividad...) que parece especialmente necesaria con la que está cayendo.

¿Más matices? Cohen quitándose el sombrero y arrodillado, una y otra vez, ante Javier Mas, el público, sus músicos. Puro respeto. Cómo las Webb se arrancan -desde un lugar ancestral- con Come Healing y Coming Back To You. La emoción cristalina con la que Sharon Robinson interpreta, sin alardes, Alexandra Leaving. El momentazo casi disco de First We Take Manhattan. Cómo crece la intensidad de Leonard al cantar Hallelujah. Sus modismos de crooner en I'm Your Man. La intención con la que, al empezar el tercer bis, canta aquello de I Tried To Leave You: os he intentado dejar. O acabar con una versión de la gloriosa Save Your Last Dance for Me de los Drifters. Cohen, a los 78, en 2012, es un artista necesario. Y cada día que pasa... más.
Sábado
Por fin alguien me explica que lo de 981 va por el prefijo telefónico de A Coruña (patria chica de la marca que patrocina el festival y lugar donde se celebra desde hace unos cuantos años) y lo de Heritage porque en Madrid -y en Londres- heredamos esta celebración de lo electrónico.
Actress... en zapatillas
¿Y de qué va 981 Heritage? Pues de volver a la fantástica Nave de la Música de Matadero Madrid (que siempre mola) a ver sobre todo a Mouse On Mars... y qué se cuece con los demás. Nos recibe el techno cósmico de Solar Bears en el escenario pequeño. Muy bien, oiga. Acto seguido, Actress le da a la zapatilla por detrás... que ni la ves ni la verás. Miramos p'arriba y caen... bombos. Demasiado monótono.
Mouse On Mars... no son de este mundo
Y luego ya los alemanes. Mouse On Mars con sus cacharrillos. Usando teléfonos móviles, sirenas, palancas, cables, filtros, ordenadores... para levantarnos, agitarnos, divertirnos y extrañarnos con ruiditos y ritmos rotos. Una maravilla. Se hace corta la horita justa.
Ni Ooooo ni 0000
Da tiempo para ver un rato de oOoOO ¿son oes o son ceros o son oes y ceros? ralentizando/deconstruyendo hip hop, dubstep y terrenos aledaños. Y para salir huyendo de Hype Williams. Mucho más Hype que Williams. El humo ciega mis oídos... y los del dúo, que va alargando sus pocos trucos hasta la tontería. Bajona.
Don't Believe the Hype... Williams
Fotografía by DJFlow